
Un total de dieciocho tíos maternos y cinco tias paternas se dedicaron con mucho empeño a poblar la Isla.
Visitar algunos tíos en domingo era nuestra pasión, especialmente los tíos que tenían muchos hijos, como tía María. A esta tía nunca la vi sin barriga, parió nueve hijos, desde bien grandes hasta bien pequeños. Alice, mi hermanita y yo, nos mirábamos como dos bobas entre tanta risa y tanta algarabía que rodeaba a la tía María, la hermana favorita de mi papi.
Desde pequeña yo era muy analítica, y recuerdo la gran preocupación que me daba imaginar a la tía María freír papitas fritas francesas(french fried) para toda su prole. Cuando mami freía papitas Alice y yo siempre peleábamos por ellas, nunca eran suficientes, y la idea de mis nueve primos repartiéndose sus papitas me causaba una gran desazón.
Y llegó en tiempo normal, y nos dieron varicelas.
La casa de Abuela Cun se convirtió en un hospital inmenso. Todos los primos nos contagiamos los unos a los otros, y en un momento dado llegamos a ser más de doce recluidos en los ocho dormitorios de la casona de abuela.
La fricción con calamina la recuerdo como un verdadero teatro, todos desnuditos, nenas y nenes, desde cuatro a diez añitos, juntitos y titiritando en perfecto orden, en fila como soldados en martirio,llenos de ronchas y brotes por toda la piel.
Adorábamos a nuestra abuela, tan bella, tan grande, y dulce, tan profesional con aquellas manos tan suaves aliviando el ardor que consumía nuestros cuerpitos tiernos.
-Abuela, ¿por qué Tito tiene esa tripita colgando y yo no?
Abuela no tenía tiempo para contestar tantas preguntas, asumía su rol de enfermera con mucha seriedad y esmero.Cuando llegaba mi turno, percibía una mirada de preocupación en sus grandes ojos grises.Y murmuraba entre dientes:
- Esta no me llega a grande, está muy desnutrida.Y seguido de estas palabras, sacaba del botiquín un jarabe de hígado de bacalao, y me obligaba a tomar una cucharada. Yo trincaba la boca,y forcejeábamos, pero abuela siempre ganaba, y me premiaba con un beso sobre la varicela más grande en mi frente.
Han pasado muchos años, abuela ya no está, los tíos casi todos han partido a su encuentro, los primos siguen rumbos infinitos y lacasona abandonada, casi en ruinas, espera por ser demolida para dar paso a un multipisos de apartamentos.
Los jarabes de abuela surtieron su efecto, crecí como un roble, con las marcas del hígado de bacalao en la espalda.
Y hoy me vi en la mirada la nostalgia reflejada en el espejo de los recuerdos. Sola,muy sola.Pareciera como si nunca hubiera tenido aquella familia tan grande.
Carmen Amaralis